Antes de la Ultra Pirineu tenía claro que la nutrición iba a ser una parte más de la carrera. Lo que no imaginaba era hasta qué punto iba a marcar la diferencia.
Después de correr 100 km y más de 6.600 metros de desnivel, me quedo con una idea muy simple: en una ultra no hace falta comer perfecto, hace falta no dejar de comer.
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