Las primeras horas fueron según lo previsto. Iba alternando geles, barritas y bebida con electrolitos, intentando mantener un aporte constante de energía. Cuando las piernas van bien y el estómago responde, todo parece fácil.
Pero una ultra de 100 kilómetros empieza de verdad cuando llevas muchas horas encima.
El error que cometí
Hubo un momento en el que empecé a retrasar alguna toma. No porque no tuviera comida, sino porque pensaba: "ya comeré en el siguiente avituallamiento".
Y ese fue el error.
No fue algo que notara de golpe. Poco a poco empecé a tener menos energía, las piernas dejaron de responder igual y la cabeza empezó a negociar conmigo.
En ese momento entendí que el problema no era qué estaba comiendo. El problema era que estaba dejando pasar demasiado tiempo entre una toma y otra.
La comida real también suma
Con el paso de las horas el cuerpo deja de pedir siempre lo mismo.
En los avituallamientos empecé a coger fruta, algún sándwich... lo que realmente me apetecía en ese momento.
Y en el kilómetro 60 llegó uno de los mejores momentos de la carrera.
Marisa me había preparado una pizza.
Puede parecer una tontería, pero después de tantas horas tomando nutrición deportiva, comer algo salado y diferente me sentó increíble. No solo físicamente, también mentalmente. Fue como volver a arrancar.
Ahí confirmé algo que ya intuía: la nutrición deportiva y la comida real no están enfrentadas. Se complementan.
Lo que volvería a hacer
Si mañana volviera a correr una ultra de 100 kilómetros, repetiría prácticamente la misma estrategia.
- Empezar a comer desde el principio.
- No esperar nunca a tener hambre.
- Adaptarme a lo que el cuerpo me vaya pidiendo.
- Y, sobre todo, no negociar con la alimentación.
Porque cuando dejas de comer, tarde o temprano la carrera te lo acaba devolviendo.
Los productos que utilizo
Estos son los productos que a mí me funcionan y que suelo utilizar tanto en entrenamientos largos como en competición:
Mi conclusión
Cada ultra te enseña algo.
La Ultra Pirineu me recordó que la nutrición no consiste en llevar el bolsillo lleno de geles. Consiste en darle al cuerpo la energía que necesita para seguir avanzando, aunque ya no tengas ganas de comer.
Y eso no se improvisa el día de la carrera. Se entrena igual que entrenas las piernas.
